Capitulo 1
Alexia mira
por la ventana del avión. El cielo azul y el sol brillante indican que será un
día perfecto para conocer California. Ese es el nuevo destino de Alexia y su
padre, Jorge. Tras una larga conversación en la que Alexia no quería dejar su
hogar consiguió convencerla para venirse a vivir a California. Alexia vuelve a
suspirar como otras tantas veces lo ha hecho a lo largo del viaje. Mira a su
padre, quien duerme en una posición un poco incomoda. Nuestra protagonista no
sabe qué hacer, ha abandonado a sus amigas y a todo lo que tenía en España.
Vuelve a suspirar y decide conectar la música de su, ahora, recién entrenado
IPod. Conecta los auriculares y se deja llevar a un mundo nuevo.
[...]
‘Alexia’
‘Alexia despierta, estamos llegando’. Alexia abrio los ojos lentamente
encontrándose con el rostro de su padre.
-Por fin
despiertas dormilona- le dice su padre. Alexia se soba los ojos y se estira,
provocando así que algunos huesos de su cuerpo crujan, debido a estar tanto
tiempo con la misma postura.
-¿Ya hemos
llegado?- pregunta Alexia mirando por la ventanilla del avión
-No, aun no,
pero ya queda poco- Alexia asiente y vuelve a mirar por la ventanilla. Está
deseando que aterricen para poder estirar las piernas y respirar aire fresco.
Al principio no le hacía ninguna gracia tener que dejar todo en España, pero
ahora tampoco le importa tanto. El lado positivo es que tendría que empezar
desde cero, como ella siempre quiso, aparte nunca está mal conocer lugares
nuevos y California, según le había contado su padre, era precioso, a si que no
tenía nada que perder.
[…]
Bruno se
soba los ojos y se levanta de la cama para afrontar al ajetreado día que le
espera hoy. Abre las cortinas y al instante cierra los ojos al darle el sol en
toda la cara. Abre las ventanas y va a darse la ducha mañanera de todos los
días para despejarse. Como cada día, Bruno se relaja y repasa lo que tiene que
hacer hoy, que no es poco. Lo primero que tiene que hacer es ir a comprar ropa
para la fiesta de mañana en ‘Tabú’, la discoteca en la que trabaja de camarero.
Esa mañana Bruno había quedado con sus amigos para ir a comprar ropa. Tras
haberse duchado, se seca y se pone unos pitillos caídos y una camiseta blanca,
se echa gomina en el pelo poniéndolo en punta, como hacía cada día, y tras
coger la cartera, las llaves, y el móvil sale a buscar a sus amigos.
[..]
El avión
acaba de aterrizar y Alexia y su padre se encuentran esperando a sus maletas.
Cuando ya las tienen todas, se dirigen a la salida para pedir un taxi. Tras
conseguir uno, Jorge le da la dirección al taxista. En el trayecto nadie dice
nada y lo único que rompe el silencio es la pequeña radio que el taxista tiene
encendida. Alexia va mirando por la ventanilla impresionada con los grandes edificios,
y el bonito paisaje de California. Su padre la mira con una sonrisa en la cara
al ver como su hija mira asombrada todo aquello. Tras unos 10 o 15 minutos más
de trayecto el taxi se detiene frente a una enorme casa de grandes ventanas
cerca de la orilla del mar. Alexia es la primera en bajar, que va cogiendo las
maletas mientras su padre paga. Caminan por un pequeño camino de piedras hasta
llegar a la puerta, donde Jorge abre la puerta. Alexia se queda impresiona, la
casa era enorme.
-Que, ¿te
gusta? –bromea su padre al ver la cara de su hija
-¿Bromeas?
Esta casa es enorme, me encanta- Alexia sonríe de oreja a oreja y le da un gran
abrazo a su padre, quien la devuelve el abrazo.
-Me alegro
de que te guste, vete a ver a la casa yo meto las maletas- y sin decir nada
Alexia fue a recorrer la casa, mientras su padre metía todas las maletas. A
Alexia cada vez que le gustaba más la casa y la idea de venirse ya no le
pareció tan mala, pero cuando salió a la terraza Alexia se quedó embobada con
el paisaje. A unos 10 o 20 metros no sabría decirlo con exactitud se encontraba
la playa, una playa inmensa. El sol ya empezaba a esconderse en el horizonte,
dando así paso a un hermoso atardecer. Mientras Alexia seguía embobada con
aquel hermoso panorama, su padre apareció por la puerta para unirse a su hija.
Tras unos minutos en silencio Jorge lo rompió.
-¿Hermoso
verdad?
-Ajam- dijo
Alexia en respuesta simulando un ‘Sí’- gracias por convencerme de venir a
California papá- le dijo esta vez ella a su padre.
-No me las
des hija, sabía que esto te gustaría y que acabarías accediendo- No volvieron a
decir nada, hasta que decidieron que lo mejor era que deshicieran algo de las
maletas. La casa tenía 3 habitaciones en la planta de arriba y otra en la
planta de abajo. Alexia eligió la habitación que se encontraba al lado de la de
su padre. Tenía todas las paredes moradas menos una que era blanca. Alexia
estuvo colocando su ropa mientras su padre preparaba una cena ligera.
-Alexia, a
cenar- gritó su padre desde la cocina a lo que Alexia respondió con un ‘Ya voy
papá’ igual de sonoro. Dejó la poca ropa que le quedaba en la cama y bajó a
cenar, ya mañana terminaría de colocar sus cosas. Su padre preparó una ensalada
ligera que la comieron entre silencios que, no eran para nada incómodos.
-Y dime
hija, ¿que vas a hacer hasta que conozcas a alguien por aquí?- Alexia dejó de
comer y se paró a pensar la respuesta para aquella pregunta que le había
pillado por sorpresa.
-Pues no sé,
saldré a correr por la playa e iré a comprar ropa y a conocer esto.
-Claro si
quieres puedo contratarte a un guía que te aconseje, yo tendré que trabajar
hasta por la noche.
-No te
preocupes papá, podré hacerlo yo sola- Alexia terminó su plato de ensalada y después
de darle las buenas noches a su padre y despedirse con un beso en la mejilla
subió a su cuarto. Estaba agotada del viaje y mañana quería ir a correr temprano,
como hacía cada mañana cuando vivía en España, y ella estaba convencida de que
no quería cambiar esa rutina ya que Alexia también era una gran amante del
deporte. Alexia cogió su pijama, se cambió dejando su ropa en un escritorio de
madera que había y se echó en la cama. A los pocos minutos Alexia fue hacía un
mundo nuevo llevada por Morfeo.
[…]
Bruno
acababa de llegar a casa después de pasar todo el día con sus amigos. Un día
ajetreado que, obviamente dejaron consecuencias en Bruno, que estaba agotado.
Nada más entró en casa se cambió al pijama, que solamente se constituía de un
pantalón viejo de chándal y se metió en la cama para estar descansado, para
que, seguramente, sería la mejor fiesta en mucho tiempo.
Y así
nuestros dos protagonistas fueron acogidos por Morfeo.